sábado 14 de junio de 2008
CRÓNICA BURITICÁ – LIBORINA
Buriticá es un municipio del occidente antioqueño ubicado a sólo 93 kms. de la ciudad de Medellín, pero distante años luz de muchas de las comodidades y beneficios a que nos tiene acostumbrados la modernidad. Enclavado entre las indomables montañas de la cordillera central, que se levantan altivas entre valles de belleza exquisita, ve correr por tramos, esquivo, al río Cauca; mientras que al otro lado, discriminante e indiferente, rueda “el progreso” por la vía al mar que conduce de Medellín a Urabá. Sus calles estrechas y empinadas son testigos del pasado; de la fiebre del oro que vino con la invasión española y que estuvo a punto de terminar con su milenaria cultura indígena, del abandono del gobierno y políticos de turno y de tiempos –ya pasados- de violencias y desarraigos.
Precisamente nuestro objetivo al realizar esta actividad fue retomar el camino del Cauca que conduce al corregimiento de Angelinas, para lo cual tuvimos que descender entre las imponentes montañas que conducen a la vereda de mogotes y acompañados de un sol canicular que por presagiaba lo que sería mas adelante el paso por el rio Cauca; por fortuna para nosotros, tuvimos la oportunidad de refrescarnos en las aguas de la quebrada Bermejal , lo que nos permitió recobrar las fuerzas perdidas en el descenso por el constante roce con las abundantes piedras del camino y el agobiante sol que se cernía sobre el grupo.
Un poco más repuestos, continuamos el trayecto, y al salir de Mogotes nos impacto la espectacular vista sobre el rio Cauca, lo mismo que el reto que se nos presentaba: caminar a mano izquierda pegados de la barranca y a mano derecha el precipicio que iba directamente a parar al rio. Fue un trayecto de aproximadamente 500 metros de longitud y a mas de 50 metros de altura sobre el Cauca, siendo tal vez, uno de los tramos más difíciles de la caminata. Sorteado este obstáculo, nos restaba aproximadamente 1 hora para llegar a almorzar a Angelinas, pero el camino de quiebres ondulados aún nos guardaba una prueba mas y era precisamente ese aire caliente y bochornoso que por momentos se desprendía de la vegetación del lugar y parecía querernos calcinar.
A punta de constancia, que es como se logran las cosas mas imposibles en la vida, llegamos a Angelinas con la esperanza de destapar el almuerzo y comer algo, aunque siendo las 2 de la tarde, yo en lo personal no tenía alientos ni de empuñar la cuchara. Esta vez fueron los aleros de las casas del lugar con sus sombras, los encargados de devolvernos las fuerzas para continuar la marcha y cruzar el puente de madera que al otro extremo nos llevaría a Liborina. Agradecimos con la mirada a las tierras del legendario cacique por permitirnos embelesarnos con sus paisajes y proseguimos la marcha hacia loma larga quienes considerábamos ser capaces de coronar esta elevación de tierra, de unos trescientos metros de altura y que nos separaba de la meta; La cordillera occidental, esta vez a nuestras espaldas, era testigo de nuestros esfuerzos por llegar a la cima.
Cuando la desesperanza y la fatiga empezaban a acecharnos cual aves de rapiña, los vientos descendientes del páramo de Belmira golpearon nuestras caras alentándonos a dar el último esfuerzo y, efectivamente al llegar a toda la cuchilla, divisamos Liborina a todo el frente, con sus casitas en media loma y su blanca iglesia que parecía darnos la bienvenida; continuamos la marcha felices por lograr el objetivo trazado hasta llegar al sitio donde terminaba la caminata ante la mirada atónita de propios y extraños.
Esta es la segunda vez que hago esta caminata y aún no logro descubrir la magia de esta trayecto; no se si es la imponencia de sus paisajes o el reencontrarme con esa fuerza vital que llevamos por dentro y que aflora en los momentos mas difíciles y que nos lleva a levantarnos cuando creemos que no podremos volverlo a hacer, o a dar el último esfuerzo cuando estamos a punto de darnos por vencidos. Sea lo que sea siempre será un privilegio hacer esta caminata.
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